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miércoles, 22 de junio de 2011

En esta noche lluviosa

Un hombre joven pasa gritando:
-¡No, no pude llegar a las ocho! ¡Y bueno, no pude llegar a las ocho! ¡Porque estaba laburando no pude! ¡Porque te la pasás diciendo que no hay plata!- camina y le habla al teléfono mientras se cubre de la lluvia debajo de los toldos de los negocios.

Serán las nueve y media de esta noche invernal. La lluvia está fría. Él va sin paraguas. Es alto y flaco y sus gritos se escuchan muy claros a través de los vidrios de la ventana.

Una hora más tarde llueve más fuerte, afuera no pasan ni los autos y la misma voz rompe el silencio de la lluvia:
-¡Andate a la @·#*!&, la @·#*!&!

Camina hacia el otro lado. Va mucho más mojado.

lunes, 19 de julio de 2010

Serenata

Domingo pasado. 6.30 am. Primero escucho voces masculinas a coro. Una serenata, pensé. No son usuales por acá y la hora era poco apropiada, pero todo puede ser.

Le puse la antención a la letra y escuché: "Yo tengo un sapo que se llama Pepe". Ahí entraron las voces femeninas: "que salta salta por todo el jardín". Luego voces femeninas y masculinas juntas "No tiene cola y es de color verde, no me hace caso siempre salta así".

Jóvenes alegres vagando por el barrio después de una noche "divertida".

En fin. Gracias Volkswagen.

miércoles, 9 de junio de 2010

Sólo ruidos

Ayer. Dos de la mañana. Yo dormía en mi maceta y me despertó un ruido de vidrios rotos seguido de más ruido de vidrios rotos. Para terminar, un grito: "Ladrones".

Abi se levantó y cerró la persiana del living.

Por mi parte, no pude ver de dónde gritaron, ni ventanas arruinadas ni restos de vidrio. No pude ver nada. Eso fue lo peor.

jueves, 3 de junio de 2010

Más sobre OC

OC solía vivir con una mujer de su edad (alrededor de 50) que no era la madre de su hija. Su vecina contigua contaba que se gritaban y se gritaban y escuchaba todo perfecto por la medianera de la cocina.

La mujer era pelirroja. Tenía un pelo tan perfecto que parecía el de una muñeca. Flequillo, ondas en las puntas, brillo en todo el pelo. Siempre la veía con un piloto marrón claro (aunque no lloviera). Siempre con gesto oscuro en la mirada. Salía temprano y volvía tarde.

Una vez que vio a la administradora por los pasillos, le pidió por favor que obligara a OC a dejar entrar a los fumigadores. Dijo que había tantos bichos y que ella ya no podía vivir en ese desorden. Le dijo "venga, pase, mire. ¿A usted le parece que yo tengo que vivir en semejante mugre?"

Quienes vieron la puerta del departamento de OC abrirse para los ojos de la administradora, comentaron acá abajo en la entrada (pensando que nadie escuchaba, claro), que a medida que se ampliaba el ángulo de apertura, se ampliaba la posibilidad de ver desorden y suciedad a tal punto que era difícil entender como alguien podía vivir allí.

Poco después la pelirroja desapareció y también los gritos entre ellos.
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