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lunes, 25 de julio de 2011
Piedra libre
Para uno de los verduleros jugando a la play en el local de juegos en red que abrió hace poco en donde antes estaba la perfumería Las Lilas.
martes, 8 de febrero de 2011
La niña bonita
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| ¿Qué tan bonita la ven? |
-¿Cuánto es?- pregunta Abi.
-La niña bonita- responde el ingeniero.
-¿Cuánto es la niña bonita?- repregunta Abi, piensa y arriesga -¿Dieciséis?
-¡No! ¡Cómo dieciséis! ¡No sabés cuál es la niña bonita! -se alarma Pirincho.
-¡Qué poca cultura!- ayuda Sereno -¡Son quince pesos! ¡La niña bonita es el quince!
- Ok ¿Y el 16 qué es? -preguntó Abi a Pirincho.
- Ok ¿Y el 16 qué es? -preguntó Abi a Pirincho.
-El anillo- respondió el ingeniero verdulero -pero no cuentes nada a nadie de esta conversación que acá sólo sabemos de verduras.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Pirincho y sus efectos colaterales
Sí señores. Sí señoras. Pirincho, el ingeniero verdulero, no sólo canta los totales de cada compra junto con su correspondiente significado en la quiniela; no sólo usa su inteligencia para recomendar números a sus amigos y hacerles ganar. Además, tiene efectos extraños en las clientas.
Por ejemplo un caso sobre la seguridad:
¿Que a qué me refiero?
No me van a creer, porque es poco verosímil. No se los contaría, porque se que van a pensar que lo inventé. Pero no. Les juro que es real. Y es tan interesante que aunque mis historias pierdan credibilidad, voy a tener que contárselos igual.
Pirincho estimula la creatividad verbal de las señoras de Vicente López. ¿Cómo lo hace? No se. Pero cuando hablan con él, las señoras vestidas elegantemente y bajadas de bellos y radiantes autos, usan un lenguaje diferente al que uno les escucha emplear en el resto de las ocasiones.
Por ejemplo un caso sobre la seguridad:
-¿Está segura señora que se queda un minuto estacionada ahí? ¡Mire que pasa el 21 y le lleva el espejo eh!
- ¡Seguro segurola Pirincho! - Contesta una en lugar de decir con distinción (y algo indignada): - ¡Desde ya que estoy segura señor!
O bien sobre los transportes y la cocina:
- ¿Porqué no estaciona mejor que la va a agarrar el 161? Miré ahí viene.
- Ay gracias Pirincho, ya lo acomodo, no sea cosa que me agarre el bondiola - Responde otra clienta en vez de decir: - Muy amable señor, voy a reubicar el auto, si lo llegara a chocar el colectivo le daría un disgusto a mi marido porque el arreglo sale una fortuna.
En fin... gracias Ingeniero Pirincho por la creatividad.
En fin... gracias Ingeniero Pirincho por la creatividad.
lunes, 4 de octubre de 2010
El Ingeniero Pirincho
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| Con ustedes, Pirincho. |
Por ejemplo, si son veintidós pesos, él dice: -Dos, dos: los patitoooos. Si son cincuenta y cuatro, él dice: -Cinco, cuatro: la vacaaaa.
Pirincho está parado comiendo una mandarina. Apenas gasta energía en llevarse los gajos a la boca y masticar. No mueve un sólo músculo que no esté implicado en esa acción.
En eso se acerca una voz entusiasta que grita desde enfrente:
-¡Salió el 28! ¡Salió el 28!
No lo conozco. Está contento. Sonríe. Es oscuro, grande, gordo, tiene rulos, algo de barba y gotas de transpiración por toda la cara. Por su chaleco anaranjado, supongo que es uno de los cuidadores del estacionamiento que está pegado a las vías, frente a la verdulería.
Todos los verduleros lo van saludando:
-¡Hola Puchero!
-¿Qué hacés Puchero?
-¿Ganaste algo Puchero?
Pirincho no se mueve de donde está, sigue comiendo su mandarina, no sonríe, no dice nada. Come mandarina y ahora también mira.
Puchero llega hasta donde está Pirincho y le dice:
-¡Jugué al 28 porque me dijiste que iba a salir y salió!
- ¿Cuánto ganaste Puchero?- le pregunta el flaco desde atrás de los bigotes que tapan su boca sin dientes.
-¡Cincuenta, todavía no fui a cobrar!- contesta el gordo que cierra la escena sentenciando: -Pirincho, usted no es Pirincho, usted es el ingeniero Pirincho.
Y allí el ingeniero hace su gesto más esforzado. Sin reírse, asiente y al mismo tiempo se inclina hacia adelante en reverencia, como recibiendo aplausos.
lunes, 23 de agosto de 2010
Más arte sobre ruedas
lunes, 16 de agosto de 2010
La Rusa
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| He aquí la Rusa. |
Parada acá abajo de mi balcón, cuello hacia arriba, gorro andino de lana, piloto beije a cuadros (aunque no llueve) y abajo alguna ropa hippie-hippie (no hippie-chic, hippie-hippie).
Tendrá cerca de 40 años, es (como imaginarán) blanquecina y rubicunda y sus ojos (si bien no verdes, ni celestes) son claros. No imaginen a Sharapova, es mas bien baja y de facciones duras. Imaginen algún que otro lunar.
Por épocas está y por épocas se va y se instala allí un pequeño estudio jurídico. Cuando está, el aireyluz se llena de risas y llantos y no ha faltado ocasión en que los pasillos hayan tenido globos o alguna otra decoración (su segunda hija nació acá y hubo carteles de bienvenida en diferentes idiomas).
Su marido es argentino, flaco, alto, pelado de pelo largo blanco con barba muy crecida y canosa. Siempre en jeans y ojotas o franciscanas, bolso andino cruzado. ¿Filósofo? ¿Escritor? ¿Antropólogo? Hasta ahora no he podido averiguarlo.
A las reuniones de consorcio asiste su suegro, que se parece a los de mi club (enanos de jardín), por su boina, su estatura, su panza y su barba de Papá Noel. Pero no, no es siquiera un gnomo. Es un hombre, quizá no uno cualquiera, pero hombre al fin.

La rusa maneja una camioneta vieja que se parece a estas que muestra la foto. Las chicas van atrás (vestidas con estilo hippie-hippie con toques andinos), su marido de acompañante.
Si algo no anda, baja el marido, abre la parte de atrás de la camioneta (en donde está el motor) hace que mira, no sabe qué hacer y (sin que él la llame) baja ella de la camioneta, enseguida mete las manos, cierra, arranca y se van.
Los verduleros le regalan fruta muy madura y ella hace dulces.
En la última reunión de consorcio, su suegro dijo que a ella le molesta el olor a cera que sube por el aireyluz desde el salón de belleza.
jueves, 13 de mayo de 2010
En medio de todo
Hoy el verdulero me vio acá en mi maceta y me saludó. Esto es lo bueno de estar en este balcón en medio de todo y no en un jardín ordenado.
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