Me refiero a La Rusa y sus hijas, que en el invierno local habían volado a Europa del este. Durante su exilio, llegaban cartas para el hombre de la familia, el padre de las chicas, en sobres de colores escritos con lápices dorados. La Rusa y las rusitas era el remitente y la estampilla alguna bella rareza. El conjunto, una obra de arte hippie/pop.
Pero en fin. Volvieron. Volvieron las risas y llantos en el aireyluz. Volvió la camioneta con el símbolo Om. Los dibujos de niñas pegados en pasillos y escaleras. Las discusiones breves y tiernas a medida que suben en el ascensor.
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martes, 13 de septiembre de 2011
martes, 14 de junio de 2011
jueves, 21 de octubre de 2010
¿La Rusa pinta paredes o qué?
lunes, 16 de agosto de 2010
La Rusa
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| He aquí la Rusa. |
Parada acá abajo de mi balcón, cuello hacia arriba, gorro andino de lana, piloto beije a cuadros (aunque no llueve) y abajo alguna ropa hippie-hippie (no hippie-chic, hippie-hippie).
Tendrá cerca de 40 años, es (como imaginarán) blanquecina y rubicunda y sus ojos (si bien no verdes, ni celestes) son claros. No imaginen a Sharapova, es mas bien baja y de facciones duras. Imaginen algún que otro lunar.
Por épocas está y por épocas se va y se instala allí un pequeño estudio jurídico. Cuando está, el aireyluz se llena de risas y llantos y no ha faltado ocasión en que los pasillos hayan tenido globos o alguna otra decoración (su segunda hija nació acá y hubo carteles de bienvenida en diferentes idiomas).
Su marido es argentino, flaco, alto, pelado de pelo largo blanco con barba muy crecida y canosa. Siempre en jeans y ojotas o franciscanas, bolso andino cruzado. ¿Filósofo? ¿Escritor? ¿Antropólogo? Hasta ahora no he podido averiguarlo.
A las reuniones de consorcio asiste su suegro, que se parece a los de mi club (enanos de jardín), por su boina, su estatura, su panza y su barba de Papá Noel. Pero no, no es siquiera un gnomo. Es un hombre, quizá no uno cualquiera, pero hombre al fin.

La rusa maneja una camioneta vieja que se parece a estas que muestra la foto. Las chicas van atrás (vestidas con estilo hippie-hippie con toques andinos), su marido de acompañante.
Si algo no anda, baja el marido, abre la parte de atrás de la camioneta (en donde está el motor) hace que mira, no sabe qué hacer y (sin que él la llame) baja ella de la camioneta, enseguida mete las manos, cierra, arranca y se van.
Los verduleros le regalan fruta muy madura y ella hace dulces.
En la última reunión de consorcio, su suegro dijo que a ella le molesta el olor a cera que sube por el aireyluz desde el salón de belleza.
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