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martes, 22 de febrero de 2011

Me lo imaginaba

En cuanto vi el cartel de venta de su departamento dudé. ¿Realmente Gustavo se iría?
Es difícil culparlo. No sólo es petiso.
Además, no es muy buen mozo
que digamos.

Lo dudé con nostalgia: ¿No más tretas de gnomo resentido? ¿No más narices fruncidas acompañando amenazas de demandas en las reuniones de consorcio? ¿No más hechos inexplicables, rarezas sólo posibles de ser reales a manos de un gnomo oscuro, débil y poco ordenado?

Sin embargo, el aviso era de una inmobiliaria seria y no sólo aparecía colgado del balcón de su departamento, también aparecía en Internet. Además, también vi entrar y salir a los agentes inmobiliarios con todo tipo de candidatos. De manera que parecía cierto, parecía que no había truco: Se vendía el departamento de Gustavo.

Incluso en unos pocos meses al cartelón blanco de venta, se le agregó el chiquito amarillo: "vendido" (vino a ponerlo un hombre con su hijo de 6 años aproximadamente en un Falcon rural viejo viejo, lleno de carteles similares en el baúl). Se vendió entonces. Pensé: No más Gustavo. 

Pero no.

No señoras.

No señores.

Gustavo se mudó acá a dos cuadras. A una casa que le vendió un ruso de barba que veo a veces en el Café de París. 

Es muy difícil irse de este barrio. Ya van a leer.

domingo, 8 de agosto de 2010

El consorcio se reunió

Gustavo refunfuñó, Abi le gritó, OC golpeó el puño contra la mano dos o tres veces antes de decir "pago yo" y Kika escapó por el ascensor cuando llegó la pizza justo en el momento que Gustavo re-refunfuñaba: "Kika, esto es una locura" y ella lo dejaba sólo caja de cartón caliente en mano, ojos en el rectángulo/mirilla puerta tijera mediante: "Ya se, pero me tengo que ir".

Después de amenazar con demandas varias, también Gustavo se fue. No sin antes pedir un recibo por pago de expensas que nunca abonó.  Ocurrencias de gnomos resentidos. 

martes, 22 de junio de 2010

Collage en Gaspar Campos

Salí a caminar una de estas tardes brillantes. Iba (otra vez) por Gaspar Campos (altura Roca) cuando me encontré con esto que ven a la derecha.

"Un colectivo viejo -dirán- con una inscripción optimista que termina en publicidad. Parece que lo agarró la piedra", podrán agregar.

Puede ser. Todo puede ser. Pero miren la foto que sigue.


Tiene puertas de colectivo, espejo de colectivo, ventanas de colectivo y  techo de colectivo, pero no es un colectivo. Esta cortado. "¿Será un remolcador de colectivos?", se preguntarán.

No señores. (Vayan sabiéndolo) esto es obra de Gustavo.

Una parte colectivo viejo, otra parte remolcador de volquetes nuevo.

¿Qué tal este collage?

viernes, 18 de junio de 2010

Gustavo, un gnomo peligroso

Veo un gnomo entrar y salir del edificio. No viene seguido. No vive acá, pero de vez en cuando aparece. A veces también se toma algo en el Café de París. A veces compra algo en la farmacia. Pasea.

Actúa como si fuera una persona, parece una persona (o casi) pero es un gnomo resentido. Un peligro. Arma unos líos tremendos y nadie entiende porqué pasan esos accidentes que (yo sé) él causa.

Se mete en los departamentos y cambia de hora los relojes, o cambia cosas importantes de lugar, como por ejemplo los jabones o la pasta de dientes. Pero el sótano es su lugar preferido, desenchufa cables de los medidores y los enchufa en otro lugar y a Kika le llega una cuenta de luz que ni les cuento (por ejemplo). Otra vez hizo que se prendiera fuego el medidor de luz de La Bola de Oro. Arruinó un par de otros medidores y casi se queman todos los del edificio.

No parece divertirse. Todo lo hace con seriedad y porque sí (no porque le guste, sino porque no puede evitarlo). Parece tenér una sóla meta: molestar. Debe ser que se siente menos que el resto.

Claro, es petiso.
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