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domingo, 9 de junio de 2013

Volví al pasto

O más bien a la tierra. Qué se yo. Me fui del barrio.

Pasé primero un tiempo atrincherado en el sótano. Escuchando conversaciones y haciendo justicia en el consorcio con los tableros de luz al mejor estilo Gustavo. Cuando vi que Abi, Sereno y Ottito bajaban sus cosas y las ponían en un camión de mudanzas, me colé en un canasto y me fui con ellos.

Me gustó que al bajar el sillón por la ventana rasparan el flamante cartel del nuevo local de abajo. Ése que había estado en obra y cuya reforma nos había torturado por meses con ruidos y voces.

Las nuevas inquilinas del local, unas nenas coquetas que inauguraban su boutique en breve, estaban desesperadas. Buscaban en Abi y Sereno una compensación económica para afrontar la reparación  del cartel impreso en rosa chicle.

-¡Andá a cantarle a Gardel!- fue la respuesta que obtuvieron de Abi, que parada en el estribo del camión de mudanzas ya en marcha, acompañaba la frase con sonrisa y ademán de brazo y mano.

So long, farewell, auf wiedersehen, adieu Vicente López.

Volví al pasto.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El señor de las aves

Toca el timbre OC para avisarle a Abi algo que yo ya había visto y sobre lo que no creía necesaria intervención: Un gorrión se había colado por un cuadrado de la reja del balcón y estaba haciendo esfuerzos para salir. Lo vio su novia que estaba fumando en el balcón del salón de belleza. Lo vio golpeándose contra la reja.

OC entró y analizó la situación. El pequeño pajarito estaba muy asustado. Ahora, con la presencia de esas personas allí se iba escondiendo detrás de las macetas.

OC salió del balcón y dio su veredicto: 

-Hay que alimentarlo. Después vemos cómo lo sacamos, pero es un pichón y necesita comer y crecer. El Nestum 5 cereales preparado con agua le va a caer bien. Ahora te traigo.-

Salió y volvió con una caja recién comprada en el chino de la vuelta. Abi preparó la mezcla, la puso en un platito y se la llevó al pajarito aterrado. 

El pichón empezó a moverse cada vez más desesperadamente por balcón hasta que finalmente, antes de probar bocado hizo presión en uno de los cuadrados de la reja, se fue volando y se perdió entre los árboles.

A la semana vuelve tocar el timbre OC. Antes de decir hola, le cuenta a Abi que rescató un pichón de paloma enfermo y que le está haciendo una recuperación en su departamento.

-Querés el Nestum- dijo Abi.
-Si- dijo él.

martes, 15 de noviembre de 2011

Pura poesía


Comparto con ustedes una hermosa posdata que escribió Kika en un mail al consorcio en relación a los ruidos que llegan desde la cocina de la Bola de Oro hasta sus oídos: 


"Son las 8:30hs de un domingo hermoso para estar con las ventanas abiertas y hace una hora que estamos con el picado del perejil y las milanesas"

martes, 8 de noviembre de 2011

Parió la abuela

Abi supo que algo raro había cuando vió por la mirilla la cara de alguien que  no conocía mientras la voz del otro lado de la puerta le decía que se llamaba Germán C. ¡Si ella conocía a todos los C y ninguno se llamaba Germán, ni tampoco tenía esa cara!

Mama C, la habitante más añosa del edificio, vive en el departamento de al lado con Graciela, su hija. Roberto, hermano de Graciela, vive en el departamento que esta cruzando el pasillo. Finalmente OC, primo de Graciela y Roberto, vive en el piso de arriba. ¿Quién era este nuevo C?

Dudó en abrir la puerta, pero supuso que si había entrado ya al edificio, no estaría tratando con un completo extraño. 

-Hola, qué tal, yo soy Germán C, el dueño del local del zapatero que queda justo abajo de este departamento- así se presentó el nuevo C.

Abi suponía que el dueño de ése local sería un hombre grande y despreocupado que había dejado a sus endémicos inquilinos la potestad para hacer lo que quisiesen en su propiedad. Por eso, encontrarse con un hombre que no llegaba a los cincuenta le pareció extraño.

Germán llegaba a contarle a Abi que el zapatero se iba y que el local quedaba libre para alquilar después de 34 años de estar alquilado por el mismo inquilino; que efectivamente ése alquiler había comenzado con su padre, dueño original del local, y que a la muerte de su padre, él había heredado la propiedad con el alquiler y efectivamente nunca había hecho nada. 

Y probablemente no llegó para contarle que era hermano de Graciela y de Roberto, pero la conversación llegó hasta allí. Hermano por parte de padre. Hermano probablemente 15 o 20 años menor.

Conversaron en el borde de la puerta, un poco en el pasillo, un poco en la recepción. Otto circulando, entrando y saliendo. Hasta se asomó Mama C cuando escuchó que había charla y se saludaron con sonrisas.

Se fue diciendo que Graciela siempre tuvo muchos problemas, que sus inquilinas hacen lo que quieren en sus locales aunque muchas veces estuvieron a punto de rescindirles el contrato y hacia al final deslizó cierta intención que tiene él de que Abi corte unas plantas que caen del balcón hacia abajo y le ensucian un poco el toldo.

martes, 13 de septiembre de 2011

Volvieron las golondrinas

Me refiero a La Rusa y sus hijas, que en el invierno local habían volado a Europa del este. Durante su exilio, llegaban cartas para el hombre de la familia, el padre de las chicas, en sobres de colores escritos con lápices dorados. La Rusa y las rusitas era el remitente y la estampilla alguna bella rareza. El conjunto, una obra de arte hippie/pop.

Pero en fin. Volvieron. Volvieron las risas y llantos en el aireyluz. Volvió la camioneta con el símbolo Om. Los dibujos de niñas pegados en pasillos y escaleras. Las discusiones breves y tiernas a medida que suben en el ascensor.

sábado, 27 de agosto de 2011

Abono


Estimados vecinos,



Parece que es un tema recurrente en los consorcios.
Eso si, en este la originalidad está en el lugar en que
aparecen "los regalitos".
Les escribo porque he descubierto que alguno de nosotros ha decidido "abonar" las plantas de los canteros del hall de entrada con caca de perro. Entiendo que a alguien le pueda parecer "natural" o "práctico" dejar la caca de perro en el cantero del hall de entrada, pero con todo respeto, invito a quienes están abonando las plantas de esa forma, a que:


a. así como han puesto allí esa caca de perro, se la lleven y
b. que si quieren ser prácticos y naturales, abonen así las macetas de sus propios departamentos. 


Saludos poco cordiales (a cara de perro).


Abi

Así se dirigió Abi a sus vecinos ayer a la mañana. Se olvidó de mencionar, que si de jugar sucio se trata, Otto tiene dos años y todavía usa pañales y la entrada del edificio es nuestra área de cobertura desde arriba.



miércoles, 20 de julio de 2011

Malentendido

-Yo pensaba que en tu casa tenías todo arreglado, no todo hecho un desastre- le dice Mama C a su hijo.

martes, 5 de julio de 2011

Horario de obra

Por alguna razón que desconozco, los de acá al lado creen que el horario para clavar clavos, cambiar vidrios, cortar azulejos (madera o laja), destapar cañerías, arreglar aberturas, pulir pisos o derruir paredes es de lunes a viernes de 14 a 16, sábados de 12 a 20 y domingos todo el día.

Eso si: El club de la pelea funciona de lunes a lunes, a partir de las 18 y hasta que las velas nu'ardan (si, eso también acá al lado).

martes, 14 de junio de 2011

Claro,

La Rusa dice que hay un país nórdico en que las escuelas públicas han adoptado la enseñanza Waldorf. No se acuerda qué país es, pero también dice que así debería ser en todo el mundo.

¿Podría haber dicho alguna otra cosa La Rusa sobre la educación?

jueves, 19 de mayo de 2011

Sombras nada más

En esta época del año entre las tres y las cuatro de la tarde el sol va bajando hacia el oeste y la terraza de acá arriba aparece como una sombra oscura en el edificio de enfrente. Se adivinan las barandas, algún que otro parante de la pérgola.

Esta tarde también se vio la sombra de un hombre. Camina de un lado a otro. Aparece y desaparece. Finalmente, se acoda en una esquina y fuma un cigarrillo.

viernes, 1 de abril de 2011

El Turco de arriba

El Turco vivía acá arriba. Justo acá arriba. Desembarcó en el edificio unos pocos meses después que nosotros y nos enteramos de la peor manera. Haciendo reformas en la cocina rompieron un caño y empezó a llover a través del techo del pasillo. Y como no vivían arriba todavía, tardaron dos o tres días en cerrar la llave de paso.

Unos treinti-muchos (o cuarenti-pocos) tendría el turco y venía con su mujer, a quien enseguida se vio embarazada. Primero un niño, luego otro.

Un buen día, el turco, que jamás participaba en nada que tuviera que ver con el consorcio, se mostró interesado por mejorar el edificio. Juntó unos pesitos puerta a puerta y como era arquitecto, trajo a sus proveedores de pintura para que pintaran pasillos, marcos y puertas de los espacios comunes; hizo buenas migas con Kika, que fue a comprar unas lámparas más cálidas para los palieres de cada piso; y por último, mandó a pintar el aireyluz que compartimos.

Poco después puso en venta el departamento, vendió y se fue.

Pero no.

Ahora trabaja acá a la vuelta en un estudio de arquitectura que se dedica a reciclar casas antiguas. Lo veo pasar. Mira la terraza. Sabe que está recién pintada, pero que nos queda todavía pintar la pérgola. Pasa hablando con algún compañero de trabajo y comenta que se mudó de acá porque estaba harto de OC, y de la cantidad de veces que habría la puerta de su departamento entre las 7 y las 7,30 de la mañana. Lleva a jugar a los chicos a la plaza, se toma el tren en la estación.

¿Será consciente de que la combinación de colores de marco y puerta que eligió es de bastante mal gusto? ¿Estará al tanto de que a las pocas semanas de vendido el departamento, la flamante pintura del aireyluz se lavó con la primera lluvia?

Para saber sobre otros que nunca se fueron del barrio, hagan click acá.

martes, 15 de marzo de 2011

El amor es así

Acá los tienen. Caminando del brazo
en las calles arboladas.
En el pasillo del primer piso. En el ascensor. En el hall de entrada. En la calle. En la estación. En el tren. En el minimercado chino. En la verdulería. En la panadería. En el almacén. En el Café de París.

Siempre juntos.

Él le dice: -Estás hermosa -o- ¡Qué elegante!

Pero además le susurra líneas. Por ejemplo para el verdulero:
-Tres kilos de naranjas para jugo.
Y entonces ella:
-Tres kilos de naranjas para jugo.


Y susurra los nombres de la gente que pasa:
-Ahí pasa Adela
Y después ella:
-¡Chau Adela querida!

Y así.

Siempre juntos. Mamá C y su hijo Roberto.

martes, 22 de febrero de 2011

Me lo imaginaba

En cuanto vi el cartel de venta de su departamento dudé. ¿Realmente Gustavo se iría?
Es difícil culparlo. No sólo es petiso.
Además, no es muy buen mozo
que digamos.

Lo dudé con nostalgia: ¿No más tretas de gnomo resentido? ¿No más narices fruncidas acompañando amenazas de demandas en las reuniones de consorcio? ¿No más hechos inexplicables, rarezas sólo posibles de ser reales a manos de un gnomo oscuro, débil y poco ordenado?

Sin embargo, el aviso era de una inmobiliaria seria y no sólo aparecía colgado del balcón de su departamento, también aparecía en Internet. Además, también vi entrar y salir a los agentes inmobiliarios con todo tipo de candidatos. De manera que parecía cierto, parecía que no había truco: Se vendía el departamento de Gustavo.

Incluso en unos pocos meses al cartelón blanco de venta, se le agregó el chiquito amarillo: "vendido" (vino a ponerlo un hombre con su hijo de 6 años aproximadamente en un Falcon rural viejo viejo, lleno de carteles similares en el baúl). Se vendió entonces. Pensé: No más Gustavo. 

Pero no.

No señoras.

No señores.

Gustavo se mudó acá a dos cuadras. A una casa que le vendió un ruso de barba que veo a veces en el Café de París

Es muy difícil irse de este barrio. Ya van a leer.

sábado, 19 de febrero de 2011

Escuchas

Kika, nuestra vecina, no deja de parar la oreja y en cada conversación menciona haber escuchado cosas nuevas.

¡Me pareció ver una linda orejita!
A Santiago, el kiosquero, le contó que desde su habitación en el segundo piso, escucha el timbre que toca el pasajero adentro del colectivo antes de bajarse en la parada de la esquina.

Algo más indignada, comentó con un mozo pelado de la Bola de Oro, que escucha a un perro que han dejado encerrado en planta baja. Parece que una mujer que vive acá cerca y alquila un local en el consorcio -para vender lencería, cosméticos, jabón en polvo, palas de plástico para juntar la basura, shampoo y tinturas para el pelo-, tiene un perro que "duerme" en el patio del fondo del local, a donde dan algunas ventanas del departamento de Kika. Ante el concierto madrugado de ladridos, se levantaron Kika y su marido a tocarle el timbre a la inquilina que los sacó carpiendo alegando que esas no eran horas para molestarla en su casa.

Ya en tono chusma y acercándose al fizgoneo, secreteó con su marido que esa mañana, bajando por la escalera desde el segundo, de refilón escuchó a los hermanos C discutiendo en el primero con la puerta abierta. Graciela C le gritaba llorando a Roberto C que la deje en paz a ella con su madre, que siempre han vivido juntas y sabe cómo llevarla. Él le contestaba que si la sigue maltratando así, o buscan juntos una solución o en cualquier momento cambia la cerradura y no la deja entrar nunca más.

Kika, esto es mucho más que escucha flotante.

Para leer más sobre qué escucha Kika, pueden hacer click acá

sábado, 11 de diciembre de 2010

Receta

Uno de los ángeles del Dr. G habla con Abi en el pasillo del primer piso. Han mermado las cucarachas, dice, desde que prepara una mezcla de harina, azucar y ácido bórico.

-Lo mezclás, lo ponés en tapitas de gaseosa en diferentes lugares y listo. Mi sobrino me dijo que han mermado mucho y me pregunta que qué hice. Esta receta es la única que funciona.

martes, 26 de octubre de 2010

Mamá C: sus encierros, sus escapes

Balcón
Mamá C está en el balcón. Un balcón cercado por una red (¿para que no se escape el gato?). Está sentada. Al lado, unas plantas. Al lado, el gato. Un gato peludo color marrón claro y blanco.

Empieza a caer la lluvia. Mamá C quiere entrar. Pero no puede. Golpea la puerta y grita: "Abrime la puerta, abrime la puerta, abrime la puerta".

Sigue golpeando.

Después de 10 minutos parece que alguien le abre la puerta (o por alguna otra razon deja de golpear y gritar).

Hall de entrada
Está a punto de empezar una reunión de consorcio. Llega Roberto C con Mamá C del brazo.
-Ya vengo- dice él.

Entran al ascensor. Se escucha que se abre la puerta de un departamento. Se escucha que se cierra la puerta de un departamento.

Llega Roberto C por la escalera al hall. Empieza la reunión. A los cinco minutos, se escuchan golpes violentos desde una puerta del primer piso. Se hace silencio en el hall. Los que saben miran de reojo sin mirar a nadie (pupilas a la derecha, pupilas a la izquierda). Los que no saben, miran de frente y preguntan qué pasa.

Roberto dice que ya viene y se apura por la escalera.

Aire
Sale Abi con Otto. Mamá C está en el hall. Comentan sobre el robo de la cadena de la bicicleta. Mamá C parece no escucharla, pero la acompaña hasta la puerta. Cuando Abi está saliendo, Mamá C se apura y le pregunta: -¿Puedo salir? Quiero ver un poco el aire.

Vereda
5 de la tarde de un día de primavera. Mama C en la vereda. Sale la secretaria del Dr.G, la ve y la saluda.
6 de la tarde del mismo día. Mama C en la vereda. Sale la secretaria del Dr.G, la ve y la saluda (otra vez)
7 de la tarde. Mismo día. Mama C en la vereda. Sale la secretaria del Dr.G, la ve y le dice:
-¿Todavía usted acá?
-Si -dice ella- estoy esperando a mi hijo.
Aquí la tienen.
-¡Vamos- dice la otra- usted está esperando que la primavera le traiga un novio!

Llaves
Mamá C sale del ascensor. Abi está entrando y le pregunta si quiere que le deje la puerta abierta.
Ella dice: -No gracias, tengo llaves.
Lo dice mientras la mira sonriente y triunfante (los ojos achinaditos miran hacia la izquierda y hacia arriba) y le muestra las llaves. (¡¿?!)

Charla
Abi y Mamá Nicomio charlan en la vereda. Mamá C está a escasos 20 metros. Las mira.

Llega Graciela, su hija. Mirando para abajo le dice:
-Vamos mamá, vamos a caminar.
-No, no- le dice ella- me quiero quedar acá.

Muñeca

Un día
Pasa Abi con Ottito y Mamá C dice:
-Qué preciosura, una muñeca.
-Es un varón señora- contesta Abi.

Otro día
Pasa Abi con Ottito y Mamá C dice: 
-Qué preciosura, una muñeca. 
-Es un varón señora- contesta Abi.

Y así sucesivamente.

(Pero) Ootro día:
Pasa Abi con Ottito y Mamá C dice:
-Qué preciosura, una muñeca.
-Gracias- contesta Abi.
-¿Cómo se llama?- pregunta Mama C.
-Otto, enfatiza Abi
-Ah! ¡¡¿¿Pero es un varón??!!!

Entonces...
Pasa Abi con Ottito y Mamá C dice:
-Qué preciosura, una muñeca
-Gracias- dice Abi.
-Ah! ¡No! Cierto que es un varón y yo siempre me lo confundo con una nena- recuerda Mama C.

Pero no.
Pasa Abi con Ottito y Mama C dice:
-Qué preciosura, una muñeca.

martes, 12 de octubre de 2010

Robo (¿y mensaje mafioso?)

Nota que aparece ahora en PB.
Cora cuida a Ottito cuando Abi se va. Cora llega, a veces, en bicicleta. Cora deja la bicicleta en la planta baja del edificio. Se queda tres horas y se va (en bici).


Esta vez se quedó dos horas y media. Salió Abi y yo también salí a dar una vuelta. La bicicleta es de paseo, verde oscuro y muy vieja. Tiene un candado de moto: una cadena muy gruesa cubierta con un plástico transparente y un candado muy grande que une ambas puntas.

Cora no ata la bicicleta, quién se la va a robar ahí, del lado de adentro de la puerta. 

Y lo cierto es que no se robaron la bicicleta, ni robaron el candado de la bicicleta. Se robaron la cadena: el dispositivo que une el movimiento de los pedales con el de las ruedas. 

Qué mal tino salir justo hoy que tenía que ver al ladrón. Pero me pregunto también:¿Lo habría visto entrar y salir si me quedaba? ¿O se trata de alguien que estaba adentro del edificio y sin salir ni entrar desde la vereda, salió de su departamento, sacó la cadena, entró en su departamento y se la guardó a la espera de una reacción?

Cora dice que la cadena estaba tan (o más) oxidada que el resto de la bicicleta. 

¿Ratero al paso o mensaje mafioso? 

viernes, 8 de octubre de 2010

El fizgón fue descubierto

Fui sorprendido. Fui observado por un vecino muy cercano sin que me diera cuenta.  

El martes noté que tenía un nuevo seguidor. Cuando hice click para investigar quién era y así pensar de dónde podría haber llegado, me encontré con un bello y flamante blog que escribe una mamá primeriza. 


No tuve tiempo de leer nada en ése momento (estaba tratando de no perderme una acalorada discusión política entre seis señoras mayores con muchas cirugías y un señor de anteojos y traje verde), pero esa noche (cuando ya acá abajo no pasaba nadie y podía sumergirme en las profundidades bloggeras tranquilo de no perderme nada) fui a ver ése blog otra vez sobre todo porque me atrajo el diseño y el nombre.

Leí las notas de la más vieja a la más nueva. Y fue ahí que descubrí que la vecina de acá arriba me conocía, me leía y hasta se había sentido tan inspirada por mí que había decidido escribir un blog.

Con ustedes, Mamá Nicomio (hagan click sobre Mamá Nicomio para ir a ver su blog). Se trata de la mamá del nuevo vecinito, de quien hablé en El salón de belleza 


Debo agregar que recomiendo la lectura de Mamá Nicomio. He leído varios blogs que versan sobre la maternidad, pero sinceramente, éste es el que más me gustó. Claro, corto, conciso y nuevito. 

viernes, 10 de septiembre de 2010

Los hermanos sean unidos

Porque esa es la ley primera;
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea,
Porque si entre ellos pelean


Los devoran los de ajuera.
Martín Fierro

Los hermanos C viven al lado. O más bien, nos tienen rodeados. Y no crean que eso es todo. Hay alguien más que los convoca, alguien que hace que ellos se reúnan acá al lado: Mamá C.

Roberto siempre fue vecino nuestro. Pero el departamento en que hoy vive su madre y de tanto en tanto también su hermana, estuvo vacío mucho tiempo. Antes de eso vivía un discreto ex-policía cuya presencia acá al lado podríamos nunca haber notado de no ser porque le gustaba socializar.

Mamá C dice que Graciela es malísma y que Roberto es buenísimo; que Graciela es tonta y que Roberto es tan inteligente. 

La escucho charlar con los vecinos acá abajo cuando sale a tomar aire. A mamá C no le dan llaves, pero a veces alguien cierra sin llave la puerta del departamento y se va. Cuando se queda sola, mamá C abre la puerta, la traba con un papelito para poder volver a entrar, baja la escalera y espera al lado de la puerta que alguien entre o salga para poder pisar la vereda, respirar el aire de afuera y charlar con los que pasen. 

Cuando ya tomó aire y ya charló con la gente, espera que algún vecino vuelva a abrir la puerta del edificio, entra, sube, saca el papelito, entra en su departamento y cierra la puerta. 

Pero a veces alguien se va y cierra la puerta con llave. Entonces mamá C se queda pegada a la puerta de su departamento. Los golpes se escuchan en todo el edificio. Quiere salir. 

Cuando llega su hija más tarde a abrirle la puerta, se escuchan los gritos, los insultos, las amenazas. 

Después todo se calma. Miran Tinelli y cenan. Roberto llega después de la cena. Vuelven a oirse los gritos. Ahora son los hermanos. Que las pastillas, que las llaves, que el vaso de agua, que qué querés que haga, que a mí no me hables así. Entre cinco y quince minutos de gritos entre hermanos, sobre el murmullo de fondo de la tele.

Portazo uno. Roberto sale de la casa de su madre. Portazo dos. Roberto entra en su casa. 

Vuelve a escucharse Tinelli del otro lado de la medianera (¿Estarán en vivo acá al lado y yo nunca me di cuenta?). A veces en esa instancia madre e hija vuelven a pelearse. Cuando no está Graciela, ni a Tinelli se escucha. 

Si es como decía Martín Fierro, me pregunto quién podrá devorarse a estos hermanos que tanto se pelean. 

Bueno, quizá el perro ése que tenía Roberto, que cuando era cachorro dejaban sólo todo el día y se la pasaba aullando de tristeza. 

lunes, 16 de agosto de 2010

La Rusa

He aquí la Rusa.
La Rusa es mi vecina preferida desde que la vi hablando desde la vereda con su hija mayor que estaba en el balcón del segundo piso.

Parada acá abajo de mi balcón, cuello hacia arriba, gorro andino de lana, piloto beije a cuadros (aunque no llueve) y abajo alguna ropa hippie-hippie (no hippie-chic, hippie-hippie).

Tendrá cerca de 40 años, es (como imaginarán) blanquecina y rubicunda y sus ojos (si bien no verdes, ni celestes) son claros. No imaginen a Sharapova, es mas bien baja y de facciones duras. Imaginen algún que otro lunar.

Por épocas está y por épocas se va y se instala allí un pequeño estudio jurídico. Cuando está, el aireyluz se llena de risas y llantos y no ha faltado ocasión en que los pasillos hayan tenido globos o alguna otra decoración (su segunda hija nació acá y hubo carteles de bienvenida en diferentes idiomas).

Su marido es argentino, flaco, alto, pelado de pelo largo blanco con barba muy crecida y canosa. Siempre en jeans y ojotas o franciscanas, bolso andino cruzado. ¿Filósofo? ¿Escritor? ¿Antropólogo? Hasta ahora no he podido averiguarlo.

A las reuniones de consorcio asiste su suegro, que se parece a los de mi club (enanos de jardín), por su boina, su estatura, su panza y su barba de Papá Noel. Pero no, no es siquiera un gnomo. Es un hombre, quizá no uno cualquiera, pero hombre al fin.


La rusa maneja una camioneta vieja que se parece a estas que muestra la foto. Las chicas van atrás (vestidas con estilo hippie-hippie con toques andinos), su marido de acompañante. 


Si algo no anda, baja el marido, abre la parte de atrás de la camioneta (en donde está el motor) hace que mira, no sabe qué hacer y (sin que él la llame) baja ella de la camioneta, enseguida mete las manos, cierra, arranca y se van.

Los verduleros le regalan fruta muy madura y ella hace dulces.

En la última reunión de consorcio, su suegro dijo que a ella le molesta el olor a cera que sube por el aireyluz desde el salón de belleza.
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