Después del episodio del robo de la cadena de la bicicleta de Cora, Abi consiguió la llave de un cuartito que hay en planta baja. En ese cuartito, el portero guarda sus elementos de limpieza y OC guarda su bicicleta. No es un gran espacio pero, con algo de buena voluntad, desde el día de aquel primer mensaje mafioso también entra la bicicleta de Cora (con cadena nueva).
La ultima vez que vino Cora, Abi baja a abrirle y juntas van hacia el cuartito de planta baja. Abren la puerta y se encuentran con que además de las cosas del portero y de la bicicleta de OC, hay un colchón de somier tamaño Queen. El colchón está embalado, está nuevo, recién llegado.
Esta vez, hizo falta mucha buena voluntad y unas cuantas maniobras para que entrara la bici de Cora. Cuando se fue Cora ése día y abrieron la puerta del cuartito, ya no estaba la bici de OC.
Abi dice que sólo tres personas tienen la llave de ése cuartito: OC, el portero (que ése día no vino) y ella misma.
¿OC compró nuevo colchón para sorprender a su novia? ¿Su novia quiere sorprenderlo a él y mientras recepciona en el salón de belleza guardó el colchón ahí? ¿Alguien más tiene la llave y no quiere que en ése lugar se guarden bicicletas más que la de OC? ¿O es OC mismo que por alguna razón que se me escapa no quiere compartir ése lugar?
Probablemente no sea más que una nueva forma de su desorden.
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martes, 23 de noviembre de 2010
martes, 12 de octubre de 2010
Robo (¿y mensaje mafioso?)
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| Nota que aparece ahora en PB. |
Esta vez se quedó dos horas y media. Salió Abi y yo también salí a dar una vuelta. La bicicleta es de paseo, verde oscuro y muy vieja. Tiene un candado de moto: una cadena muy gruesa cubierta con un plástico transparente y un candado muy grande que une ambas puntas.
Cora no ata la bicicleta, quién se la va a robar ahí, del lado de adentro de la puerta.
Y lo cierto es que no se robaron la bicicleta, ni robaron el candado de la bicicleta. Se robaron la cadena: el dispositivo que une el movimiento de los pedales con el de las ruedas.
Qué mal tino salir justo hoy que tenía que ver al ladrón. Pero me pregunto también:¿Lo habría visto entrar y salir si me quedaba? ¿O se trata de alguien que estaba adentro del edificio y sin salir ni entrar desde la vereda, salió de su departamento, sacó la cadena, entró en su departamento y se la guardó a la espera de una reacción?
Cora dice que la cadena estaba tan (o más) oxidada que el resto de la bicicleta.
¿Ratero al paso o mensaje mafioso?
sábado, 22 de mayo de 2010
Bicicletas
Ayer. Siete de la tarde.
Pasa un chico rubio, jóven (¿tendría... 30 como mucho?), en bicicleta. La bicicleta tiene un canasto blanco cuadrado plástico como de reparto. El chico tiene rastas, un pulover con capucha y un megáfono.
Dice por el megáfono mientras pedalea por la calle Roca: "Vengan a la costa, vengan a la costa, la policía va a reprimir nuestra movilización en contra del vial costero. Vengan a la costa, vengan a la costa, la policía va a reprimir nuestra movilización en contra del vial costero."
La gente en la calle camina y mira; en la Bola de Oro come y mira; en el Café de París toma café y mira. Algunos comentan. Acá abajo, en la puerta de este edificio tres chicas comentan. Una dice: "Hay 150 efectivos para esa manifestación". Pone cara. Otra le pregunta: "¿Estuviste?" La primera contesta que no, que como va a ir si está re-embarazada.
Hoy. Tres y media de la tarde.
Una pareja y su bebé vuelven de un paseo. Cuando llegan a la puerta del edificio para entrar se encuentran con el paso obstruido por dos bicicletas que dejaron allí unos comensales de la Bola de Oro. Los paseantes piden amablemente a los comensales si podían correr las bicicletas. Los comensales (un matrmonio de cincuentipico) amablemente se levantan y corren las bicicletas. Cuando la familia ya entró, ve que los comenzales vuelven a obstruir la entrada del edificio con las bicicletas.
Los habitantes del edificio piden nuevamente (todavía amables, puede ser que un poco menos, pero amables al fin) a los comensales de la Bola de Oro que por favor corran las bicicletas de la entrada del edificio. El señor de cincuentipico se enoja y entre insultos (diferentes insultos para la mujer, para el marido y para el hijo habitantes del edificio) pide "un ratito más, hasta que terminemos el café".
Después la señora de cincuentipico cerró la escena dicendo: "Dejalos, no vale la pena", mientras ayudaba a su marido a mover las bicicletas.
Pasa un chico rubio, jóven (¿tendría... 30 como mucho?), en bicicleta. La bicicleta tiene un canasto blanco cuadrado plástico como de reparto. El chico tiene rastas, un pulover con capucha y un megáfono.
Dice por el megáfono mientras pedalea por la calle Roca: "Vengan a la costa, vengan a la costa, la policía va a reprimir nuestra movilización en contra del vial costero. Vengan a la costa, vengan a la costa, la policía va a reprimir nuestra movilización en contra del vial costero."
La gente en la calle camina y mira; en la Bola de Oro come y mira; en el Café de París toma café y mira. Algunos comentan. Acá abajo, en la puerta de este edificio tres chicas comentan. Una dice: "Hay 150 efectivos para esa manifestación". Pone cara. Otra le pregunta: "¿Estuviste?" La primera contesta que no, que como va a ir si está re-embarazada.
Hoy. Tres y media de la tarde.
Una pareja y su bebé vuelven de un paseo. Cuando llegan a la puerta del edificio para entrar se encuentran con el paso obstruido por dos bicicletas que dejaron allí unos comensales de la Bola de Oro. Los paseantes piden amablemente a los comensales si podían correr las bicicletas. Los comensales (un matrmonio de cincuentipico) amablemente se levantan y corren las bicicletas. Cuando la familia ya entró, ve que los comenzales vuelven a obstruir la entrada del edificio con las bicicletas.
Los habitantes del edificio piden nuevamente (todavía amables, puede ser que un poco menos, pero amables al fin) a los comensales de la Bola de Oro que por favor corran las bicicletas de la entrada del edificio. El señor de cincuentipico se enoja y entre insultos (diferentes insultos para la mujer, para el marido y para el hijo habitantes del edificio) pide "un ratito más, hasta que terminemos el café".
Después la señora de cincuentipico cerró la escena dicendo: "Dejalos, no vale la pena", mientras ayudaba a su marido a mover las bicicletas.
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