lunes, 27 de septiembre de 2010

Nuevo Café

Además de brotes, flores y adolescentes florecientes, la primavera nos trajo una inauguración. Abrió un nuevo café. Promete (y cumple) las mejores medias lunas y la mejor atención en la zona. "Es más caro", sube un rumor desde la puerta edificio hacia mi balcón. Pero hablan de él en el salón de belleza, en la verdulería, en el kiosko, en la farmacia, en la librería y en la fábrica de pastas.

Está justo en la esquina siguiente al Café de París y el 21 de septiembre estuvo lleno. Tiene bellas mesas y sillas en la vereda con calefacción incluida (si, calefacción en la vereda, algo raro por estos lares). Pero lo mejor es su nombre: "La Vicente López"

¿Estará ese nombre augurando una compañera para este enano solitario? No se.

¿Dará "La Vicente López" un golpe al negocio del Café de París y la Bola de Oro? Hagan sus apuestas.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Era sábado a la noche

Ocho pe eme.

Baja Abi con un tapado en la mano. Se lo presta a su hermana que se va a un casamiento.

Bajan OC y su nueva novia (recepcionista del salón de belleza). Bien arreglados y perfumados.

Baja Roberto C.

Baja uno de los hijos de Kika. Sale con su novia.

Todos se cuzan 08:02 PM acá abajo, en la entrada del edificio.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Los hermanos sean unidos

Porque esa es la ley primera;
Tengan unión verdadera
En cualquier tiempo que sea,
Porque si entre ellos pelean


Los devoran los de ajuera.
Martín Fierro

Los hermanos C viven al lado. O más bien, nos tienen rodeados. Y no crean que eso es todo. Hay alguien más que los convoca, alguien que hace que ellos se reúnan acá al lado: Mamá C.

Roberto siempre fue vecino nuestro. Pero el departamento en que hoy vive su madre y de tanto en tanto también su hermana, estuvo vacío mucho tiempo. Antes de eso vivía un discreto ex-policía cuya presencia acá al lado podríamos nunca haber notado de no ser porque le gustaba socializar.

Mamá C dice que Graciela es malísma y que Roberto es buenísimo; que Graciela es tonta y que Roberto es tan inteligente. 

La escucho charlar con los vecinos acá abajo cuando sale a tomar aire. A mamá C no le dan llaves, pero a veces alguien cierra sin llave la puerta del departamento y se va. Cuando se queda sola, mamá C abre la puerta, la traba con un papelito para poder volver a entrar, baja la escalera y espera al lado de la puerta que alguien entre o salga para poder pisar la vereda, respirar el aire de afuera y charlar con los que pasen. 

Cuando ya tomó aire y ya charló con la gente, espera que algún vecino vuelva a abrir la puerta del edificio, entra, sube, saca el papelito, entra en su departamento y cierra la puerta. 

Pero a veces alguien se va y cierra la puerta con llave. Entonces mamá C se queda pegada a la puerta de su departamento. Los golpes se escuchan en todo el edificio. Quiere salir. 

Cuando llega su hija más tarde a abrirle la puerta, se escuchan los gritos, los insultos, las amenazas. 

Después todo se calma. Miran Tinelli y cenan. Roberto llega después de la cena. Vuelven a oirse los gritos. Ahora son los hermanos. Que las pastillas, que las llaves, que el vaso de agua, que qué querés que haga, que a mí no me hables así. Entre cinco y quince minutos de gritos entre hermanos, sobre el murmullo de fondo de la tele.

Portazo uno. Roberto sale de la casa de su madre. Portazo dos. Roberto entra en su casa. 

Vuelve a escucharse Tinelli del otro lado de la medianera (¿Estarán en vivo acá al lado y yo nunca me di cuenta?). A veces en esa instancia madre e hija vuelven a pelearse. Cuando no está Graciela, ni a Tinelli se escucha. 

Si es como decía Martín Fierro, me pregunto quién podrá devorarse a estos hermanos que tanto se pelean. 

Bueno, quizá el perro ése que tenía Roberto, que cuando era cachorro dejaban sólo todo el día y se la pasaba aullando de tristeza. 

sábado, 4 de septiembre de 2010

Yo los vi primero

OC y la chica del salón de belleza caminan juntos de la mano por la calle Roca hacia el río.


martes, 31 de agosto de 2010

Surrealismos cómicos (o casi)

El hombre desbordado
Una tarde de viernes casi lluviosa me cuelo en el cochecito de Otto y voy al super (con Abi y Otto, claro).

En el frío pasillo de lácteos, noto un hombre de unos 45 años con tres hijas mujeres de entre 8 y 3 años (cuanto más chicas, más lindas). Las dos más chicas pelean entre sí y la mayor busca y encuentra diferentes formas para hacer que el padre compre lo que ella quiere.

De las 50 cajas que tiene el super, sólo dos están habilitadas para envío a domicilio y hay dos colas muy largas de gente con carros muy cargados. El último en una de esas filas es el padre con sus hijas. Alto, gordo, con pantalón de gabardina, camisa a cuadros y sueter escote en V amarillo. También tiene anteojos y mucho pelo (castaño).

Abi pide que abran otra caja para envío. El encargado de envíos le dice: "Sí, claro, pero mientras tanto puede pasar por la caja de al lado que ahí podemos hacer el envío también".

Abi va con Otto en un brazo y con el otro intenta empujar el carro, pero en cuanto el padre de las chicas escucha que en la caja de al lado pueden hacerse envíos le reclama: "Dejame pasar a mí, hace media hora que estoy esperando."

El portero eléctrico descompuesto
Volvemos a casa. Nos encontramos con un cartel en la lista de timbres que dice: "No anda el portero eléctrico, toque timbre que lo escuchamos y espere que bajemos a abrirle".

Sí. Todo eso dice el cartel y el aviso parece aplicar a todos los departamentos.

Cuando llego a mi balcón (que en esta tarde casi lluviosa está húmedo), Ottito ya está jugando en el piso con Abi.

Pasan cinco minutos. Suena el timbre.

Con cara de qué rápido, Abi se apura a ponerse un zapato. Abre la puerta del balcón saltando en una pata y grita (con tono algo desesperado): -¡Ya bajoooo!.
-Señora vine a arreglar el portero eléctrico, veo que escuchó el timbre- le responden desde la vereda.

El envío del supermercado
Pasan 15 minutos más. Suena el teléfono. Llaman del supermercado porque tocan el timbre y nadie contesta. Baja Abi con Ottito en brazos para abrir la puerta a los que traen la compra.

Allí va a encontrarse con la siguiente escena: La puerta abierta de par en par. El cadete parado en el límite entre el adentro y el afuera (como si la puerta estuviera cerrada o bien hubiera un láser letal que le impidiera cruzar). Las manos del cadete en el marco superior de la puerta, como colgándose, como descansando (era alto, si). Las cajas de la compra en el piso al lado de sus piés. El técnico se fue. El portero eléctrico ya ni suena (si antes sonaba pero no se escuchaba la voz que respondía, ahora ni suena).

El fumigador
Mañana del sábado siguiente. Veo entrar al fumigador al edificio alrededor de las 9.30. Abi y Sereno empiezan a vaciar las alacenas y alrededor de las 10 ponen un cartel al lado del timbre que indica que no anda, que por favor golpee la puerta. Sí, el timbre del departamento (el timbre que está al lado de la puerta del departamento de Abi y Sereno) tampoco anda.

Son las 11 y no pasó el fumigador. Abi no escuchó las puertas de los vecinos, ni al fumigador hablar en los pasillos. Le pregunta a las chicas del salón de belleza. Le dicen que ya se fue. Pasó más temprano. Y si. Yo lo vi. 10.20 salió.

Abi consigue el teléfono del fumigador y le pide que vuelva.

Pasa una media hora. Suena el portero eléctrico.

-¿Fumigador?
- No señora el técnico del portero eléctrico

Las empanadas
Llega el fumigador y una vez hecho el trabajo, (no se si por rutina o por devolverle a Abi y a Sereno la amabilidad de haberlo llamado para que volviera) recomienda enfáticamente que dejen todo fuera de las alacenas por 24 horas.

No se puede cocinar. Piden empanadas.

Suena portero eléctrico.

- ¿Empanadas?
- No señora, el técnico del portero eléctrico.
- Ah!, mire que estoy esperando empanadas eh! ¿Me los manda cuando llegan?
- No señora, ahora me voy a probar arriba.

Abi cuelga el portero eléctrico con cierto énfasis mientras dice: -Estos nos vienen amagando desde ayer.


Suena el portero eléctrico. 

- ¿Empanadas?
- No señora, el técnico del portero eléctrico, cuelgue bien el aparato que se escucha todo.

El puño sobre la madera
Vuelven a llamar a la casa de empanadas a ver qué pasa.

- Ya va el chico señora.

Pasan 2 minutos. Se escucha toc-toc: Un puño sobre la madera.

Acá abajo, el técnico del portero electrico se fue. La puerta del edificio abierta de par en par. Arriba Abi sacó el cartel (que no vio el fumigador) indicando que el timbre no funciona.

-¡De a pizzería señora!- Dice la voz del otro lado de la puerta.
- ¿Tocaste el timbre y nadie te contestó?
- Ah... no... ni vi el timbre, vi la puerta abierta abajo, subí y golpeé esta puerta directamente.

El bello (¿?) final
Abi llora de risa (paquete de empanadas en mano) frente a la puerta abierta de su casa. A su alrededor, cacerolas que nunca usa sobre el escritorio; paquetes de arroz, polenta y latas en el sillón; en las sillas platos, tazas y cubiertos; cajones de cocina apilados sobre el piso del living.
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