sábado, 16 de octubre de 2010

El pianista, OC y su novia

Aquí OC
OC y su novia están sentados en una de las mesas de la vereda del Café de París. Es sábado o domingo y el pianista está terminando su repertorio. OC se levanta y se acerca al piano. Habla con el pianista. Después se levanta el pianista, OC se sienta al piano y toca para su novia, que sonríe desde la mesa.

Aquí su novia

martes, 12 de octubre de 2010

Robo (¿y mensaje mafioso?)

Nota que aparece ahora en PB.
Cora cuida a Ottito cuando Abi se va. Cora llega, a veces, en bicicleta. Cora deja la bicicleta en la planta baja del edificio. Se queda tres horas y se va (en bici).


Esta vez se quedó dos horas y media. Salió Abi y yo también salí a dar una vuelta. La bicicleta es de paseo, verde oscuro y muy vieja. Tiene un candado de moto: una cadena muy gruesa cubierta con un plástico transparente y un candado muy grande que une ambas puntas.

Cora no ata la bicicleta, quién se la va a robar ahí, del lado de adentro de la puerta. 

Y lo cierto es que no se robaron la bicicleta, ni robaron el candado de la bicicleta. Se robaron la cadena: el dispositivo que une el movimiento de los pedales con el de las ruedas. 

Qué mal tino salir justo hoy que tenía que ver al ladrón. Pero me pregunto también:¿Lo habría visto entrar y salir si me quedaba? ¿O se trata de alguien que estaba adentro del edificio y sin salir ni entrar desde la vereda, salió de su departamento, sacó la cadena, entró en su departamento y se la guardó a la espera de una reacción?

Cora dice que la cadena estaba tan (o más) oxidada que el resto de la bicicleta. 

¿Ratero al paso o mensaje mafioso? 

viernes, 8 de octubre de 2010

El fizgón fue descubierto

Fui sorprendido. Fui observado por un vecino muy cercano sin que me diera cuenta.  

El martes noté que tenía un nuevo seguidor. Cuando hice click para investigar quién era y así pensar de dónde podría haber llegado, me encontré con un bello y flamante blog que escribe una mamá primeriza. 


No tuve tiempo de leer nada en ése momento (estaba tratando de no perderme una acalorada discusión política entre seis señoras mayores con muchas cirugías y un señor de anteojos y traje verde), pero esa noche (cuando ya acá abajo no pasaba nadie y podía sumergirme en las profundidades bloggeras tranquilo de no perderme nada) fui a ver ése blog otra vez sobre todo porque me atrajo el diseño y el nombre.

Leí las notas de la más vieja a la más nueva. Y fue ahí que descubrí que la vecina de acá arriba me conocía, me leía y hasta se había sentido tan inspirada por mí que había decidido escribir un blog.

Con ustedes, Mamá Nicomio (hagan click sobre Mamá Nicomio para ir a ver su blog). Se trata de la mamá del nuevo vecinito, de quien hablé en El salón de belleza 


Debo agregar que recomiendo la lectura de Mamá Nicomio. He leído varios blogs que versan sobre la maternidad, pero sinceramente, éste es el que más me gustó. Claro, corto, conciso y nuevito. 

lunes, 4 de octubre de 2010

El Ingeniero Pirincho

Con ustedes, Pirincho.
Pirincho es el apodo de uno de los verduleros. Es uno de los más viejos. Flaco, con bigotes largos hasta su labio inferior, sin dientes y el más ocurrente. Cuando alguien pregunta ¿Cuánto es? él responde el total de la cuenta y acompaña con el significado de los números en la quiniela.

Por ejemplo, si son veintidós pesos, él dice: -Dos, dos: los patitoooos. Si son cincuenta y cuatro, él dice: -Cinco, cuatro: la vacaaaa.

Pirincho está parado comiendo una mandarina. Apenas gasta energía en llevarse los gajos a la boca y masticar. No mueve un sólo músculo que no esté implicado en esa acción.

En eso se acerca una voz entusiasta que grita desde enfrente:

-¡Salió el 28! ¡Salió el 28!

No lo conozco. Está contento. Sonríe. Es oscuro, grande, gordo, tiene rulos, algo de barba y gotas de transpiración por toda la cara.  Por su chaleco anaranjado, supongo que es uno de los cuidadores del estacionamiento que está pegado a las vías, frente a la verdulería.

Y aquí, Puchero.
Todos los verduleros lo van saludando:
-¡Hola Puchero!
-¿Qué hacés Puchero?
-¿Ganaste algo Puchero?

Pirincho no se mueve de donde está, sigue comiendo su mandarina, no sonríe, no dice nada. Come mandarina y ahora también mira.

Puchero llega hasta donde está Pirincho y le dice:
-¡Jugué al 28 porque me dijiste que iba a salir y salió!
- ¿Cuánto ganaste Puchero?- le pregunta el flaco desde atrás de los bigotes que tapan su boca sin dientes.
-¡Cincuenta, todavía no fui a cobrar!- contesta el gordo que cierra la escena sentenciando:  -Pirincho, usted no es Pirincho, usted es el ingeniero Pirincho.

Y allí el ingeniero hace su gesto más esforzado. Sin reírse, asiente y al mismo tiempo se inclina hacia adelante en reverencia, como recibiendo aplausos.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

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