domingo, 9 de junio de 2013

Volví al pasto

O más bien a la tierra. Qué se yo. Me fui del barrio.

Pasé primero un tiempo atrincherado en el sótano. Escuchando conversaciones y haciendo justicia en el consorcio con los tableros de luz al mejor estilo Gustavo. Cuando vi que Abi, Sereno y Ottito bajaban sus cosas y las ponían en un camión de mudanzas, me colé en un canasto y me fui con ellos.

Me gustó que al bajar el sillón por la ventana rasparan el flamante cartel del nuevo local de abajo. Ése que había estado en obra y cuya reforma nos había torturado por meses con ruidos y voces.

Las nuevas inquilinas del local, unas nenas coquetas que inauguraban su boutique en breve, estaban desesperadas. Buscaban en Abi y Sereno una compensación económica para afrontar la reparación  del cartel impreso en rosa chicle.

-¡Andá a cantarle a Gardel!- fue la respuesta que obtuvieron de Abi, que parada en el estribo del camión de mudanzas ya en marcha, acompañaba la frase con sonrisa y ademán de brazo y mano.

So long, farewell, auf wiedersehen, adieu Vicente López.

Volví al pasto.

lunes, 23 de julio de 2012

Fábrica de pastas

Vecino, vecina, enano colega, perro, gato, babosa, caracol, jilguero, paloma o colibrí:

Vaya a la fábrica de pastas. Compre ñoquis. Verdes y anaranjados o verdes y blancos.

No importa cuantos sean a comer, cuando le pregunten "cuanto", conteste "para uno".

Vuelva a su casa. Ponga el agua a hervir con un poco de sal. Prepare los platos y los cubiertos por ahí cerca de la olla. Eche los ñoquis al agua cuando rompa el hervor.

Y no los cuele cuando los primeros floten. No siga las instrucciones de la señora de la cofia blanca (¡Cómo le gusta dar instrucciones a la señora de cofia blanca!).

Más o menos cuando le parezca bien (sin la menor preocupación porque se pasen o por que le queden crudos) vaya pescando ñoquis con la espumadera. No desista cuando queden pocos, siga pasando la espumadera cual mediomundo. Aunque no aparezca ninguno, siga. 

Verá como de pronto, cuando ya están dispuestos en los platos todos los ñoquis comprados, empieza a brotar desde el agua turbia, otra tanda de ñoquis y después de otras pasadas de espumadera, otra tanda más. 

Repita el procedimiento hasta que tenga todos los ñoquis que necesita.

Eso si: Si compró blancos, brotan anaranjados y si compró anaranjados brotan blancos.Si no hay verdes, olvídelo, no sólo puede pasar horas con la espumadera en la olla y sólo encontrará los que allí puso, sino que si no sigue las instrucciones de la señora de la cofia blanca, le van a quedar espantosos.

miércoles, 4 de abril de 2012

Enrarecido

Seguimos buscando a Vicente. No aparece y no hacemos más que buscar pistas que nos indiquen qué pasó o dónde puede estar.

En principio evaluamos la posibilidad de que la llegada de Germán C haya tenido que ver con la desaparición del Enano. El ambiente en la cuadra y especialmente en el edificio se enrareció desde su llegada. Él vino avisando que ya no habría una zapatería en el local de abajo y que reformaría ése local para que fuera alquilado por algún otro comerciante, pero hizo mucho más que eso.

Pronto se sumó Julio, un hombre maciso, peludo, de anteojos angostos, de mirada corta. Nunca supimos si había sido contratado para arreglar todo allá en el viejo local de la zapatería, o si había hecho un canje: estadía gratis en Vicente López con excursiones de pesca todas las tardes y noches a cambio de ir arreglando de a poco, mientras no charlaba ni cocinaba, cada cosa que hubiera que arreglar en el lugar.

La cuestión fue que cada mañana Julio y Gemán charlaban mientras preparaban el mate, cada medio-día sus voces invadían nuestros ambientes mientras cocinaban el guiso, y cada noche, alrededor de las 12, cuando llegaban para cocinar la pesca del día, volvían las voces intrusas a nuestros oídos como hubieran estado viviendo con nosotros.

Vicente primero se ilusionó. Tener todo tan servido para ver y escuchar. Pero pronto entendió que no había razón para alegrarse. Ser invadidos en el propio espacio por la intimidad de otro y no poder escapar a esto de ninguna forma mientras estábamos en casa nos hizo transitar espacios al borde del delirio y la profunda desesperación.

No queríamos vivir con ellos, ni saber de sus vidas, ni queríamos escuchar sus conversaciones personales, ni sus derivas sobre los destinos de los diferentes caños que estaban rompiendo y reemplazando. Pero allí estaban las voces cuando uno se iba a lavar los dientes a la noche y también a la madrugada si uno se levantaba al baño y a la mañana en la cocina y al medio-día en todo el departamento.

Se instalaron. Y no fue una semana, ni un mes. Fueron dos largos meses (sinó mas, ya no puedo ni precisar una medida de tiempo para aquello). Llegaron los hijos de Julio. Vivían allí. Todos. Conversaban sobre pescados (sobre cuales tenían escamas y cuales no, sobre la textura de las ballenas y otros bichos). Se les imponía conducta a la hora del baño, y se los dejaba de seña, al fondo del local, mirando como si fuera el horizonte la hilera de locales de enfrente, los autos que pasaban por la calle, los vecinos haciendo las compras.

No queríamos saber de cuantos mates tenía cada uno en su casa, ni oler su comida al medio-día y a la media-noche. No. No queríamos saber qué opinaban del viagra ni escuchar el pavoneo que hacían sobre sus conquistas. Tampoco nos interesaba saber que se les había quedado la camioneta en puentelanoria, que por eso no pudieron traer los caños de gas y que por eso se les atrasaba la obra una semana.

Como si esto fuera poco, los sábados funcionaba en el local en obra un espacio de tráfico de antigüedades. Tomaron la (ya angosta) vereda, pusieron a una señora a servír café y allí se vendían arañas, juegos de té, jarras, mesas de luz, y cabeceras de camas de otras épocas, rescatadas de algún mercado de pulgas (o quién sabe de dónde). Y los domingos a la tarde eran sagrados. Desaparecían. Irían al templo, creemos, porque escuchábamos de vez en cuando, subiendo por el hueco del aireyluz, entre los olores de la comida y las conversaciones, una radio evangelista.

La realidad era difícil de delimitar y de controlar. El caos era absoluto. Voces masculinas agudas y gruesas subían escalonadas. Conversaciones surrealistas a toda hora. Peleas. Cenas de festejo con alguna que otra voz femenina. Ellos diciendo "alto restorán" mientras en la escalera del consorcio el rumor apuntaba que conseguían las verduras revisando en la basura que los verduleros sacaban cuando cerraban. Un perro que dejaban solo de vez en cuando y lloraba. Un reclamo sobre a qué chica tan joven se había traído la noche anterior una vez que Germán no durmió allí, dejó una cámara oculta y llegó a la mañana siguiente de una noche que curiosamente no habíamos escuchado volar una mosca.

Probablemente eso fue empujando a Vicente a irse. Ya no estaba bien vivir allí.

jueves, 8 de marzo de 2012

Vicente se busca


Vicente no está. Salí ayer a la mañana al balcón para regar las plantas y no estaba. Pensamos que volvería más tarde, que habría salido a pasear, a sacar fotos, o a espiar. Pero no. A la tarde no estuvo y a la noche tampoco.

Entramos en internet a chequear este blog a ver si nos daba una pista de algo. Pero hace mucho que no escribe y hace poco escribió sobre la ida de algunos de sus amigos del barrio.

Me tomé el atrevimiento de comentarles esto a través de su blog para ver si esto nos ayuda a encontrarlo.
Sepan que lo estamos buscando. Que lo extrañamos. Que lo queremos. Si lo ven por allí no duden en avisarnos.

lunes, 20 de febrero de 2012

Llora chinito

Casi está oscureciendo un vaho húmedo y caluroso (cada día de febrero pasa tan lento en este verano espeso).

Llora chinito en su balcón. Canta su china madre y lo mece (silueta algo adolescente, vocecita infantil, mamá nueva, de unos días).

Desde algún otro balcón, desde el edificio de enfrente, una vecina pregunta:
-¿Qué tiene?
- Cleo que calol- contesta la china (y sigue cantando y sigue meciendo).

Pasan por abajo otras dos vecinas entre enternecidas y muertas de risa: Le canta en chino, claro.


miércoles, 1 de febrero de 2012

Joaquín y Marisa

Usan sábanas blancas. Una lisa, una con una pasamanería, una con un borde celeste, una con un broderie.

Usan toallas blancas. Una lisa, una con tramas a rallas o con pequeños cuadrados, pero siempre blancas.

Llevan a lavar sus sábanas y toallas al lavadero de la esquina.

Las señoras del lavadero ponen las sábanas de Joaquín en una máquina y las de Marisa en la de al lado. Cuando están listas, las de Joaquín van hacia la izquierda y las de Marisa a la derecha. Una especie de gesto automático para no mezclar las prendas de diferentes clientes.

Pero algo pasa. Un teléfono, una clienta, un mate, o algo así.

Se cruza una mano de izquierda a derecha y otra de derecha a izquierda. Nadie lo nota. Se arman los paquetes, se les pone el nombre a cada uno y salen las sábanas a cada cama y las toallas a cada baño.

Y nadie lo nota.









miércoles, 25 de enero de 2012

Chino nuevo

Nació chinito. Stop. Papá chino antes canchero ahora babea. Stop. Se escuchan llantos desde cochera. Stop. Mamá chinita no se ha visto. Stop. Papá chino lleva platos con comida desde la rotisería china hasta el depto que alquilan acálavuelta. Stop.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Ya no están los enanos


¿Recuerdan aquella entrada en la que mencionaba a los enanos de Blanca Nieves viviendo acá cerca, actuando cual vigías en cada nivel en altura de una casa muy alta? (Hagan click aquí si no la recuerdan)

Pues bien, no sólo ya no están, sino que en su lugar ahora hay cactus en macetas. ¿Cinismo, hechizo, magia negra o simple resultado de los gustos de los nuevos habitantes de esa casa?

Sepan que se fueron sin avisar, sepan que ya no puedo ir para allá a mirar la gente pasar, ni ellos acá a ayudarme a espiar. Un día estaban y al otro no. No me gusta nada esto.

martes, 29 de noviembre de 2011

Chinita con novedades

Miren qué mirada, miren qué sonrisa. Chinita en la dulce espera rebalsa de alegría.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El señor de las aves

Toca el timbre OC para avisarle a Abi algo que yo ya había visto y sobre lo que no creía necesaria intervención: Un gorrión se había colado por un cuadrado de la reja del balcón y estaba haciendo esfuerzos para salir. Lo vio su novia que estaba fumando en el balcón del salón de belleza. Lo vio golpeándose contra la reja.

OC entró y analizó la situación. El pequeño pajarito estaba muy asustado. Ahora, con la presencia de esas personas allí se iba escondiendo detrás de las macetas.

OC salió del balcón y dio su veredicto: 

-Hay que alimentarlo. Después vemos cómo lo sacamos, pero es un pichón y necesita comer y crecer. El Nestum 5 cereales preparado con agua le va a caer bien. Ahora te traigo.-

Salió y volvió con una caja recién comprada en el chino de la vuelta. Abi preparó la mezcla, la puso en un platito y se la llevó al pajarito aterrado. 

El pichón empezó a moverse cada vez más desesperadamente por balcón hasta que finalmente, antes de probar bocado hizo presión en uno de los cuadrados de la reja, se fue volando y se perdió entre los árboles.

A la semana vuelve tocar el timbre OC. Antes de decir hola, le cuenta a Abi que rescató un pichón de paloma enfermo y que le está haciendo una recuperación en su departamento.

-Querés el Nestum- dijo Abi.
-Si- dijo él.

martes, 15 de noviembre de 2011

Pura poesía


Comparto con ustedes una hermosa posdata que escribió Kika en un mail al consorcio en relación a los ruidos que llegan desde la cocina de la Bola de Oro hasta sus oídos: 


"Son las 8:30hs de un domingo hermoso para estar con las ventanas abiertas y hace una hora que estamos con el picado del perejil y las milanesas"

martes, 8 de noviembre de 2011

Parió la abuela

Abi supo que algo raro había cuando vió por la mirilla la cara de alguien que  no conocía mientras la voz del otro lado de la puerta le decía que se llamaba Germán C. ¡Si ella conocía a todos los C y ninguno se llamaba Germán, ni tampoco tenía esa cara!

Mama C, la habitante más añosa del edificio, vive en el departamento de al lado con Graciela, su hija. Roberto, hermano de Graciela, vive en el departamento que esta cruzando el pasillo. Finalmente OC, primo de Graciela y Roberto, vive en el piso de arriba. ¿Quién era este nuevo C?

Dudó en abrir la puerta, pero supuso que si había entrado ya al edificio, no estaría tratando con un completo extraño. 

-Hola, qué tal, yo soy Germán C, el dueño del local del zapatero que queda justo abajo de este departamento- así se presentó el nuevo C.

Abi suponía que el dueño de ése local sería un hombre grande y despreocupado que había dejado a sus endémicos inquilinos la potestad para hacer lo que quisiesen en su propiedad. Por eso, encontrarse con un hombre que no llegaba a los cincuenta le pareció extraño.

Germán llegaba a contarle a Abi que el zapatero se iba y que el local quedaba libre para alquilar después de 34 años de estar alquilado por el mismo inquilino; que efectivamente ése alquiler había comenzado con su padre, dueño original del local, y que a la muerte de su padre, él había heredado la propiedad con el alquiler y efectivamente nunca había hecho nada. 

Y probablemente no llegó para contarle que era hermano de Graciela y de Roberto, pero la conversación llegó hasta allí. Hermano por parte de padre. Hermano probablemente 15 o 20 años menor.

Conversaron en el borde de la puerta, un poco en el pasillo, un poco en la recepción. Otto circulando, entrando y saliendo. Hasta se asomó Mama C cuando escuchó que había charla y se saludaron con sonrisas.

Se fue diciendo que Graciela siempre tuvo muchos problemas, que sus inquilinas hacen lo que quieren en sus locales aunque muchas veces estuvieron a punto de rescindirles el contrato y hacia al final deslizó cierta intención que tiene él de que Abi corte unas plantas que caen del balcón hacia abajo y le ensucian un poco el toldo.

martes, 1 de noviembre de 2011

Se fue el zapatero

No recuerdo haberles contado jamás, pero acá abajo, justo acá abajo, al lado del kiosco, funcionaba (históricamente) un local de arreglo de zapatos. 

Primero estaba el zapatero y su aprendiz. Luego el zapatero se fue y le dejó el negocio al aprendiz y sus secuaces.

En principio todos ellos buena gente, pero también todos ellos con pocas señales de higiene (ni personal, ni del local, ni de costumbres). 

En las siestas se escuchaban los martillazos lejanos que no eran otra cosa que el zapatero en sus zapatos. Y en las noches se adivinaban las tintas enjuagadas en la pileta del patio: voces y aguas.

Pues no más. Puro silencio ahora en el aireyluz (salvo por las rusitas cantando la canción de Los Pitufos y las chicas del salón de belleza destrabando amores y desamores entre clienta y clienta).

martes, 13 de septiembre de 2011

Volvieron las golondrinas

Me refiero a La Rusa y sus hijas, que en el invierno local habían volado a Europa del este. Durante su exilio, llegaban cartas para el hombre de la familia, el padre de las chicas, en sobres de colores escritos con lápices dorados. La Rusa y las rusitas era el remitente y la estampilla alguna bella rareza. El conjunto, una obra de arte hippie/pop.

Pero en fin. Volvieron. Volvieron las risas y llantos en el aireyluz. Volvió la camioneta con el símbolo Om. Los dibujos de niñas pegados en pasillos y escaleras. Las discusiones breves y tiernas a medida que suben en el ascensor.

sábado, 27 de agosto de 2011

Abono


Estimados vecinos,



Parece que es un tema recurrente en los consorcios.
Eso si, en este la originalidad está en el lugar en que
aparecen "los regalitos".
Les escribo porque he descubierto que alguno de nosotros ha decidido "abonar" las plantas de los canteros del hall de entrada con caca de perro. Entiendo que a alguien le pueda parecer "natural" o "práctico" dejar la caca de perro en el cantero del hall de entrada, pero con todo respeto, invito a quienes están abonando las plantas de esa forma, a que:


a. así como han puesto allí esa caca de perro, se la lleven y
b. que si quieren ser prácticos y naturales, abonen así las macetas de sus propios departamentos. 


Saludos poco cordiales (a cara de perro).


Abi

Así se dirigió Abi a sus vecinos ayer a la mañana. Se olvidó de mencionar, que si de jugar sucio se trata, Otto tiene dos años y todavía usa pañales y la entrada del edificio es nuestra área de cobertura desde arriba.



miércoles, 3 de agosto de 2011

Sobre gustos...

No está muy buena la comida que hacen en la pescadería. Con el pescado crudo todo bien, pero la paella, el pulpo a la gallega... maso.

lunes, 25 de julio de 2011

Piedra libre

Para uno de los verduleros jugando a la play en el local de juegos en red que abrió hace poco en donde antes estaba la perfumería Las Lilas.

miércoles, 20 de julio de 2011

Malentendido

-Yo pensaba que en tu casa tenías todo arreglado, no todo hecho un desastre- le dice Mama C a su hijo.

viernes, 15 de julio de 2011

China Town

Acá está la chinita, veanlá, 
pero para conocerla en persona,
vengan a Sonrisas
pidanlé un chau-fan. 
Toronto fue el primer mini-mercado chino de la zona, comandado por un joven chino: José. Después apareció Tokio, más chico y desordenado y con un chino menos joven a la cabeza: Hugo. 

Cuando la mujer de José no pudo estar más en la caja porque nació su segundo hijo, Li, la mano derecha de Hugo fue a ayudar a José y en la caja de Hugo apareció su sobrina: una chinita que usa guantes de látex, chaquetitas a cuadros y jeans tiro bajo. Es una chinita muerta de risa. A cada cliente un chiste, a cada comentario una sonrisa. 

A la chinita le gustó Vicente López y se mudó con su novio acá a la vuelta. Como si eso fuera poco, abrió una rotisería china en esta cuadra (con gato chino de la fortuna incluido). Se llama Sonrisas la rotisería, aunque a veces ella está en la puerta llorando a gritos en chino por celular. 

martes, 5 de julio de 2011

Horario de obra

Por alguna razón que desconozco, los de acá al lado creen que el horario para clavar clavos, cambiar vidrios, cortar azulejos (madera o laja), destapar cañerías, arreglar aberturas, pulir pisos o derruir paredes es de lunes a viernes de 14 a 16, sábados de 12 a 20 y domingos todo el día.

Eso si: El club de la pelea funciona de lunes a lunes, a partir de las 18 y hasta que las velas nu'ardan (si, eso también acá al lado).
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